Estaban en el dormitorio, Fernando Pessoa sentado a los pies de la cama, Ricardo Reis en una silla. Habia caído la noche. Pasaron así media hora, se oyeron las campanadas del reloj del piso de arriba, Es extraño, pensó Ricardo Reis, no recordaba este reloj, o me olvide de el tras haberlo oído por primera vez. Fernando Pessoa tenía las manos sobre las rodillas, los dedos entrelazados, la cabeza baja. Sin moverse, dijo, He venido para decirle que no nos volveremos a ver, Por qué, Mi tiempo ha terminado, Recuerda que le dije que sólo tenía para unos meses, Lo recuerdo, Pues se han acabado. Ricardo Reis se subió el nudo de la corbata, se levanto, se puso la chaqueta. Fue a la mesilla de noche a buscar The god of the Labyrinth, lo metió bajo el brazo, Vamos, dijo, Adónde va, Me voy con usted, Debería quedarse aquí, esperando a Lidia, Sí, se que debería hacerlo, Para consolarla por la muerte del hermano, Nada puedo hacer por ella, Y ese libro para qué es, Pese al tiempo que tuve, nunca acabe de leerlo, no tendrá tiempo ahora, Tendré todo el tiempo, Se equivoca, la lectura es la primera virtud que se pierde, lo recuerda. Ricardo Reis abrió el libro, vio unas señales incomprensibles, unas rayas negras, una pagina sucia, Ya me cuesta leer, dijo, pero incluso así voy a llevármelo, Para qué, Para dejar al mundo aliviado de un enigma...
Salieron de casa, Fernando Pessoa observo aun, No lleva usted sombrero, Sabe mejor que yo que allá no se lleva...Entonces vamos, dijo Fernando Pessoa, Vamos, dijo Ricardo Reis. Adamastor no se volvió para mirarlos, le parecía que esta vez seria capaz de dar el gran grito. Aquí, donde el mar se acabo y la tierra espera.
Jose Saramago
El año de la muerte de Ricardo Reis

lenta descansa la ola que la marea deja.
ResponderEliminarpesada cede. todo esta en sosiego.
abdica y se solo dueño de ti.
ama, bebe y calla... lo demas es nada.
sufro, lidia, del miedo al destino.
somos cuentos contando cuentos, nada.
quiere poco: tendras todo
quiere nada: seras libre.
la esperanza es deber del sentimiento.
lidia, ignoramos, somos extrangeros
hagamos de nosostros mismos el retiro
¿que mas quiere nuestro amor que no ser de los otros?
estas solo. nadie lo sabe. calla y finge,
mas finge sin fingir.
¿por que tendran los colores la fuerza
de perdurar en nuestra alma
como fantasmas?
para ser grande, se entero: nada
tuyo exagera o excluye.
se todo en cada cosa. pon cuanto eres
en lo minimo que hagas.
asi en cada lago la luna toda
brilla, por que alta vive.
sientate al sol. abdica
y se rey de ti mismo.
sin amores, ni odios, ni pasiones que levantan la voz,
ni envidias que dan movimiento de mas a los ojos
ni cuidados, porque si los tuviese el rio siempre correria,
y siempre iria a dar al mar.
sigue tu destino,
riega tus plantas,
ama tus rosas.
el resto es la sombra
de arboles ajenos.
nada, lidia, debemos
al hado, salvo el tenerlo.
si recuerdo quien fui, otro me veo
en el pasado, presente del recuerdo.
me siento como en sueños
mas solamente en sueños.
y la saudade que aflije mi mente
no es de mi ni del pasado visto
sino de quien habito
tras de los ojos ciegos.
nada, salvo el instante, me conoce.
y mi nisma memoria es nada, y siento
que quien soy y los que fui
son sueños diferentes.
no se si es amor que tienes, o amor que finges,
el que me das. me lo das. tanto me baste.
nunca el deseo ajeno, aunque grato,
cumplas por propio. manda en lo que haces,
ni de ti mismo se siervo.
¡feliz el a quien por tener en cosas minimas
su placer puesto, ningun dia niega
la natural ventura!
aguardo, ecuanime, lo que no conozco:
mi futuro y el de todo.
en el final todo sera silencio salvo
donde el mar bañe la nada.
ricardo reis