Leve como una virgen de las que ilustran los márgenes de los viejos misales, pasas con la gravedad de dejar caer en tus labios exangües, ora una buena sonrisa, ora una buena palabra. Tu palidez y melancolía son las mismas de la Renata que suspira, llora y muere en las paginas de la novela francesa.
Amas y eres amada… Pero ¿acaso vives feliz? Seguramente no. Tu sueño es alto y fulgido como una constelación, y para mirarlo y abismarte en el vas arrastrándote sobre rocas inclementes, pisando sobre senderos prosaicos y dejando la cauda nívea de tu traje en las espinas con que la vida diaria te maltrata. Tu sueño es alto y fulgido como una constelación, pero vas estrechando contra tu pecho la hostia de una quimera en tanto que la realidad impía te agobia como agobio a los niños y a las doncellas mártires.
¡Pobre hoja de otoño! Todos te miran atravesar la oscuridad y la desolación de los campos, sin que ninguno experimente una efusión sentimental, sin que ninguno vaya a aligerarte el peso de los días grises y torvos, solo yo busco tus huellas como una ruta de bendición y de salud.
Mi soledad persigue la tuya inútilmente. En la fría austeridad de tu casa suspiras sin que yo recoja tu suspiro; cantas sin que los ágiles trinos, que se desmayan con un hechizo de languidez, hagan dentro de mi un milagro de armonía; y rezas, con las manos cruzadas sobre el raso sombrío del reclinatorio, como dos lirios en un rincón de lobreguez, sin que yo mire como alzan el vuelo las plegarias.
No llores el fracaso de tu desconsolada existencia; la vida es efímera, mas que tu misma, pobre hoja de otoño, y Renata se extravió lamentablemente al decorar con el prestigio fundamental de su tristeza los episodios contingentes de la miseria humana. Vale mas una lagrima de Penélope que todas las desgracias de Ulises y un suspiro de Julieta es excesivo para las penas de Romeo.
Seguirás rodando, hoja de otoño, y contigo rodara mi infortunio sobre las alas del mismo viento de inquietud. Vayamos sobre el mar sordo de la muerte, sobre la misma ola negra, sin dolor y sin miedo, que la luz elisea del atardecer compensa de las tinieblas y angustias, a elevarnos, al fin, a la gloria de un zodiaco eterno. Hoja de otoño, abracémonos en la sombra para conseguir un poco de paz y navegar por la atmósfera sutil, hacia los astros seculares.
Ramon Lopez Velarde.
viernes, 25 de septiembre de 2009
hoja de otoño
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0 Botellas en el mar
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'El mar es un azar
què tentaciòn echar
una botella al mar.'