domingo, 5 de abril de 2009

maria goretti

Disculpeme, mi bella beata, pero yo no quiero que me deje de querer nunca. Agradezco que se haya conmovido por mis heridas y que extienda sobre de mi su manto. No es que dude de usted, se que me quiere, y me necesita, pero entienda, ¡no quiero que me deje de querer nunca! Por que yo ya no temo quererla asi. Aunque lamente mis penas, los buenos momentos con usted las relegan. Como noble caballero no deberia tratar tanto a la muerte; pero a usted le consta que enfrento con yelmo y espada a lo que me lleva a ella, para de una buena vez eludirle con el corazon lleno. Por que yo a usted la vivo y me posee, yo la adoro, asi que por favor, no me prive de usted nunca. Dejeme hablarle de mis disposiciones: No pienso desertar en mi andar de amante hacia usted. Cierto es que soy humano y desencantado, pero tengo mis desahogos como son estos mares, tanto como los que aveces recorren mis mejillas y que usted milagrosamente seca. Soy este que siente, que cae, de esta mi vida. Usted me comprende mi cariñosa beata. Por eso yo respetare siempre sus benditos designios, usted omita estos mis quejidos.

0 Botellas en el mar

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'El mar es un azar
què tentaciòn echar
una botella al mar.'